De tí aprendí todo sobre la ensoñación, ¿dónde la dejaste?

Porque despiertos nos ahogamos como orugas enlatadas,

sumergiéndonos hasta caer sobre una universidad de árboles sin nombre.

Pero de pronto es verdad: soy un hombre descompuesto, dulce como la

dualidad y sólo beso el filtro de un cigarrillo hasta quemar la última astilla en los labios de un fogón.

Pero tengo fe en las ínfulas del fuego, soy tan santo como las brujas y desviado por las cruces desérticas de Dios, te responde un poeta que no es un escritor…