Entre el paraíso y el miedo

está la vida,

un niño amando el cuerpo

de otro hombre

acostado sobre la tierra hinchada

o bajo la sombra borracha del mismísimo cielo,

pasando la página

de un libro envenenado,

borrando atardeceres,

aguaceros imborrables,

lienzos indefensos

con patas de gelatina

y pezuñas de cerdo,

existiendo para la existencia,

regalándole besos tristes

a gusanos gigantes,

regalándole besos tristes

a búhos con ojos de ballena…