PARA NO PERDER LO SUBLIME

Actualizado: 14 abr

Aquí el hombre que habla no es el mismo que escribe, el que escribe no es el mismo que versifica y el que versifica no es el mismo que recita. Somos varios tratando de encontrarle algún sentido a la contradicción poética, a la pugna entre la forma y la materia, a la tensión entre lo que decimos, cómo lo decimos y lo que permanece oculto.


Lo cierto es que, aunque me nutro de la cotidianeidad, este libro, al igual que los anteriores, hila o conduce al desentendimiento paradigmático de la arqueología local. En ese sentido, mi ofrecimiento poético carece de un mundo compartido, ignorando referentes de los que, no sólo huyo, sino que evito.


Sin embargo, estoy tratando de ser poeta para encontrar una voz entre las voces. No sé si me esté engañando, pero he escuchado el consejo de Horacio y si no publico me pasaría la vida borrando con el codo lo que escribo con la mano.


De tal manera que soy un hombre viéndose a sí mismo dentro de un espectro poético, entre la realidad y la verosimilitud, entre la poesía y la resistencia; representando sus contradicciones con cierta arrogancia si se quiere, pero sin falacias narrativas que suplan mi urgencia por construir un mundo que, no pretende dominar la palabra, ni siquiera los sonetos, sino simplemente plasmar el dolor que produce crear escenarios narrativos que sinteticen los quehaceres de esta vocación silenciosa, cruel, sádica y ambigua. Estoy hablando del misterio que circunscribe a la poética y al objeto que objeta a la poética también. Me refiero a todo aquello que escapa al poeta, al poema mismo y al lector.


Alguna vez dije que quería ser breve y ahora debo admitir que siento prisa. Por eso dicen que los poemas deben ser cortos, para no perder lo sublime. No creo estar cayendo en los enclaves del epigramatismo, pero qué mayor peligro que intentar ser poeta cuando tienes que pagar las cuentas de la luz.


La verdad sea dicha, mi intención poética sólo pretende resistir las embestidas metafóricas del hombre, los gigantes y el paso natural de los años, aunque qué más quisiera que transformar mi vida en sueño, pensamiento, drama y poesía; y que mis versos no estuvieran amputados por el suspenso y la síntesis, sino por el vino, la armadura y el disfraz.


Es innegable que la poesía ayuda al hombre malhecho a soportar lo que arrastra en el alma y su necesidad de poetizarlo todo. La poesía, por ejemplo, me permite refugiarme en otro cuerpo, donde entiendo a la vida como signo de algo y a las realidades como lenguaje de algunos, pero no quisiera seguir distrayéndome y más bien, rápidamente, transformar esta prosa en perspectiva y las máscaras en piel. Por eso le escribo a los valientes y a los vencidos, para invitarlos a poetizar conjuntamente.


Acércate para ver que, aunque la muerte acecha y es fuente de inspiración, es el miedo el que puede llevarme a la locura. A continuación, un poemario escrito entre finales del año 2015 y principios del 2022, para no perder lo sublime…

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