I

Decir sí,

palabra que sí,

o decir no

y soltarme como otro

hombre en pedazos…

 

II

Decir,

bendecir,

contradecir,

maldecir,

predecir:

la dictadura es el resultado…

Si nada es anterior a un poema,

nada avizora tanta lucidez confusa ni

refunda la conciencia triste de la belleza,

como el estallido de un poema…

 

Si nada es anterior a un poema,

nada camina hacia la muerte ni

permanece estoico en el origen,

como lo atestigua el lenguaje…

Entre influencias disímiles

y valores comunes,

extraño la extrañeza,

la otra fuerza que también vive.

Y esa ausencia,

aquella batalla que me separa

y me une,

debe ser por la falta que me

hacen los relámpagos y el vino,

la luz del cielo atravesando mi pecho,

como una uva negra desangrándose

en el Mediterráneo…

Escribir y cortejar,

entre adueñarse y el rechazo,

aunque las orugas se vuelvan mariposas

y Gregorio Samsa en cucaracha,

criaturas que son fragmentos

de otro amo…

Piel,

polvo inculto de la tierra,

pellejo reseco de la discordia,

la frontera soberana

del penúltimo poema.

Piel,

más allá de la frontera,

el amor inventa otra receta,

besa nubarrones

y cincela a la taciturna

ubicuidad del cielo…

Soy la palabra,

la reducción de los dioses,

puro en errores y vicios,

amado por la materia,

lo perecedero y cobarde…

Todo lo vuelves patria,

el llanto fatigado de una mujer,

el contrabando de un pedazo de tela,

una plaqueta para ser esclavos

y universales después…

Te he visto empezar desde abajo,

abriendo paso entre fábulas

y rumbos abstractos,

saltando con tus cuatro patas

llenas de suerte y tan dulce

como las mieles de Grecia…

Vergüenza,

miedo,

culpa,

dolor

y engaño,

luego masticaré los

chakras de un rumiante…

El cielo se decolora,

parece ser la rotación

de una acuarela,

mezclando el agua con orujo

y los pájaros con policías,

sin ningún fruto envolvente

que me refugie en el templo

sagrado de una roca…